Señor, ¿Qué es el hombre Para que te fijes en él?. Apenas un soplo nada más. Me elegiste antes de la Fundación del mundo, Para ser santo è inmaculado En tu presencia. Me consagraste en la pira Bautismal, soplaste en mí, Entraste en mí, moras en mí.
Soplo-vida-don de Dios Altísimo, Haces tu morada en mí. Me haces hijo-Mesías en el Hijo. Coheredero. Con sagrado amor consagras.
Me consagro a Ti, Espíritu de Amor, y tus dones. Consumes toda la inferioridad, mía. Decisión-intención de lograr corazón Puro-recto y firme venida de tu amor.
Dame un corazón contrito y humillado. Dame irradiación de tu amor. Regálame el gozo, amor y paz En todo el devenir de mi hombre Mortal-finito-limitado. Acrecienta mi fidelidad a TI.
Lléname Espíritu Santo, De fortaleza-pureza, Para luchar conmigo-mismo. Renueva tu revelación en el Conocimiento íntimo-maternal De mi-tu Persona.
OH… Espíritu¡¡. Animita mía¡¡. Cuanto más me salgo de mí, Más entro en Ti. Cuanto más me adentro en Ti. Más entras en mí. Cuanto más te conozco, Más me conozco.
Acción de Gracias, Soplo del Cielo.
Félix De Jesús, Hijo de la Predilección, Elección Mía.
Virgen de los Vientos, 19-enero-2006 – (Buen Pastor)
Miel divina. Oh¡ divino panal. De donde fluyes, Dulzura inagotable.
Tu tierno dulzor, Te hace sede de La Sabiduría. Sencilla suavidad Anida y fecunda en ti. Miel de dulce sabor.
Fluyes. Vienes y veo. Oído me tocas. Y me nombras. Y me llamas. Con nuevo nombre, Sin desdecirte, Sin anular La denominación Antigua-primigenia: “Hijo de la predilección”.
Te adentras en mí, En la profundidad De tu misterio. Salgo de mí. Y estoy en ti. En tu vértice-celestial.
Me veo en el humus, Prosternado en tu presencia. Me das vida en tu verdad. Tu infinitud sabe De mi devenir finito,
Brisa suave-profunda. Bajas de lo alto del cielo, Te haces matriz feraz. Fecunda. Donde engendras sabiduría Que sabe todo con deleite.
Con amor me sellaste, En secreto-quedo oí El silencio sonoro de La sinfonía patronímica, Y sonó en mi oído, Como la mejor jamás escuchada “Deleite mío”
En cuenta tuviste Mi pública queja. “yo no escucho nada”. “nada veo”, cuando Estoy en intimidad contigo. Huésped mío. Madre mía.
Y la Madre testigo Del secreto silencioso. En silencio, te pidió por mí. Y el regalo llegó.
Miel divina. Mielina suave y dulce. Presencia-realidad. Acontecimiento-encuentro. Adentro-afuera. Silencio-sonoro total. Cadencias del silencio. Vienes simplemente en Armoniosa melodía. Haces danzar cuerpo- Alma bajo el almendro Luminoso del Amado. Se escapa la protección Del cuerpo como absoluto, En el caos y la razón.
Me haces todo oído. Silencio inaudible En la inferioridad. Me dejas sin gusto Para degustar el sabor De fresas y moras.
Sinfonía del silencio. Secreto de la interioridad. Sonando-sonó: “Te amo mucho Félix”. Dios Padre, puso rostro Del Hijo-en-el-Hijo, con El Espíritu de Amor. Tu ósculo santo, selló Mi mejilla. Belleza y armonía Corporal me envías. Más secretos íntimos Revelado en intimidad. Me revelas mi destino Ultimo: el Amor. Tú mismo Amor Me asumes en carne y sangre. Todo mi ser. Purificación del Amor.
Es el eros convertido en Plenitud en el ágape. Cáritas plenificante. Esplendente Cáritas.
La radiación y luz De cercana-lejana Explosión, hizo centelleante El amor-tu amor, en mí. Secreto íntimo-infinito, Guardada en la Matriz De la Sabiduría. Que das A luz en almas agraciadas. Hoy me tocó a mí.
Elías. Elías, era un hombre De igual condición A nosotros. Aún más. Mismas experiencias. Vivencias. Semejantes. Mismos sentimientos.
Sin deseo, sin querer. Estoy aquí. Huyo de mi mismo. Débil. Hundido. Humillado. Con hambre y sed. La razón de mi vivir, Te devuelvo. Vida pobre. Inútil. No atiendes razones. Excusas no entiendes. Quieres más. Siempre más.
No esperas.
Disciplinas.
Tu enviado sabe Y conoce. Disciplina. Y Tú que sabes Pronuncia palabras. Hablas y mandas Con tu Palabra.
Dentro mío, silencio Ensimismado y tímido, Temeroso y huidizo, oye. Levántate y brilla. Y brilla con el poder De mi Luz. Un día silenciaste La luz del sol con la mano. Hoy alimentate y come. Aún queda camino. Debes ir, mas allá de tu Sentir y deseo. Queda atrás, a tu espalda La caverna de tempestades Donde mora Tifón.
Y Tú vienes. En suave brisa vienes. Lleno de paz-sosiego. Amor. Me arrebatas en vuelo rasante. Es tu Soplo venido del cielo. Adonde me llevas.
Deja tu seguridad. Extiende sobre otros Eliseo, Tu reparo. Tu carpa. Tu comodidad. Tu resguardo.
Me arrebatas.
Y vuelves Elías. En el Tabor. En el pueblo. En la cruz. En mi.
Voy. Vienes. Encuentro esperado, Sin esperar. Dentro mío. Dos sentidos Afectos-razones. Sentimientos encontrados. Eres Luz. Das a luz. Saca a luz. Luz se hace.
Moisés. Elías. Dos actitudes. Una sola la tuya. Uno confronta A cielo abierto. El otro huye. A la cueva. En uno poder Que habita su ser Y es hábito. Desde Egipto. Elías exitoso. No resiste, Desilusión del éxito. Su presión. Lo comprime. Le llega la depresión.
Y Tú no cambias. No te mudas. Ayer. Hoy. Siempre, El mismo Dios. Dos actitudes. Otros. Un solo mandato. Tú. Levántate y vete.
Más acá: la rutina. El habito. La conducta. Más allá: la novedad. El servicio servicial, Animado por tu amor. Sigue……………….
Más allá Del propio deseo. Más acá Tú. Moción interior Es más que mi deseo. Me posee y lo poseo. Tu soplo me atrae.
Me traes de mi casa, Adherido a comodidad Consuetudinarias.
Brisa suave. Revoloteas. Soplo del cielo Aleteas sobre Las aguas. En mi nariz de barro Insuflas tu aliento. Cobra vida el barro, En hombre ser-viviente.
“Hoy te he re-engendrado”.
Como Nicodemo, mi ser Repetido. Pregunta. Escucha y oye. En la insomnia silenciosa De los años que pesan Y pasan. “El que no nace de agua y de Espíritu, no puede Entrar al reino de Dios”
“Nacer de lo alto”
Pasando por la pira bautismal, Me llevas en tu soplo. Subida de la casa al hogar. Donde levantada está el ara De la humanidad-divinidad. Allí estás inmolación eterna, Por mí, por todos.
Hoy busco nuevos paisajes. Me abajas y me subes A tus alturas. Donde moras, Sabiduría eterna. Frente a ti, nada puedo. Tu Yo Soy Es más fuerte que yo Y mi ser.
Fuego devorador En el ara divina Devora, purifica todo Y no se consume. Fecunda en más brillo Y más luz, Alea y une, mis impurezas A tu luz y cobra mas brillo. Es todo tuyo, el dominio El poder, la gloria.
Mi transformación Se hace realidad Con tu iniciativa.
Moisés. Descalzo los pies. Desnudo el cuerpo. Alma y cuerpo. Todo lo penetras.
“El lugar que pisas Es santo. Mi presencia Santa. No te muevas”.
Días. Noches. Años. Moisés ya no obedeces. Es el abandono, Con amor total, al Amor. Quema. Fuego devorador. Todo quema. Ardor purificador. No se consume jamás.
Amante eterno. Conoces de lealtades Y fidelidades. Exigencia-requisito En tu presencia. Moisés lo sabe. (Yo también).
Brisa suave baja De la montaña Santa. Quieto contemplamos. Abajado, en el humus- Polvo de mis pies, Del rebaño. Aquí abajado en tu Presencia. Manso. Dócil. Mas allá prerrogativas De la casa del faraón. Señor. Más acá el mandato poderoso. Y cumplirlo. Sin más. Vencido.
Devorado por el fuego, Sin consumirse. Sigue-sigo siendo zarza. Misterio insondable de tu amor.
Me amas. Te amo. “Nada puedes sin mi”. No puedes hacer nada sin mí. Ir y venir. Ida y vuelta. Me necesitas. Te necesito. Misterio de amor.
“Salvo el amor intenso Salvo el amor. No tengo otro trabajo. Salvo el amor tierno, Salvo el amor tierno. No siembro otra semilla”.
En el momento justo. Con puntualidad horaria. Disciplina con poderío Llegas a mi puerta Carroza de fuego. Enviada por el dueño. Amo. Invitación recurrente. Contínua. Siempre. Vienes por el camino. El camino de mi vida. Tú mismo. Camino.
Camino me llevas a la meta. Camino y meta. Realidad única. Unidad en el horizonte. Cercano. Cielo y mar. Lejano. Única unidad. Camino en el mar.
El fuego devorador Envuelve la carroza dorada. Viene a mi. Sube a mi. Mi estatura sube. Me envuelve. Incorporado. Al camino-meta. Carroza fuego devorador. Todo conteniéndome. Todo se hace uno.
Mi figura se hace añicos. Esa unidad no la puedes conocer Por medio de la razón. Me abandono. No pienso. No escucho. Oigo silencios. No miro. Veo brillo de luz. Baja a mi interioridad, Sosiego simple. Simple paz.
Mi cuerpo tieso-blando Y casi sin poder. Limita. Mas. Y espero en la esperanza, Ser uno-todo, en todos. Al final. Tú me haces nuevo.
C.S. LewisRialp, Madrid, 1998 Del conocido libro de C. S. Lewis Cartas del Diablo a su Sobrino, publicamos la Carta I, por especial gentileza de Ediciones Rialp
Carta primera
Mi querido Orugario: Tomo nota de lo que dices acerca de orientar las lecturas de tu paciente y de ocuparte de que vea muy a menudo a su amigo materialista, pero ¿no estarás pecando de ingenuo? Parece como si creyeses que los razonamientos son el mejor medio de librarle de las garras del Enemigo. Si hubiese vivido hace unos (pocos) siglos, es posible que sí: en aquella época, los hombres todavía sabían bastante bien cuándo estaba probada una cosa y cuándo no lo estaba; y una vez demostrada, la creían de verdad; todavía unían el pensamiento a la acción, y estaban dispuestos a cambiar su modo de vida como consecuencia de una cadena de razonamientos. Pero ahora, con las revistas semanales y otras armas semejantes, hemos cambiado mucho todo eso. Tu hombre se ha acostumbrado, desde que era un muchacho, a tener dentro de su cabeza, bailoteando juntas, una docena de filosofías incompatibles. Ahora no piensa, ante todo, si las doctrinas son «ciertas» o «falsas», sino «académicas» o «prácticas», «superadas» o «actuales», «convencionales» o «implacables». La jerga, no la argumentación, es tu mejor aliado en la labor de mantenerle apartado de la Iglesia. ¡No pierdas el tiempo tratando de hacerle creer que el materialismo es la verdad! Hazle pensar que es poderoso, o sobrio, o valiente; que es la filosofía del futuro. Eso es lo que le importa. La pega de los razonamientos consiste en que trasladan la lucha al campo propio del Enemigo: también Él puede argumentar, mientras que, en el tipo de propaganda realmente práctica que te sugiero, ha demostrado durante siglos estar muy por debajo de Nuestro Padre de las Profundidades. El mero hecho de razonar despeja la mente del paciente, y, una vez despierta su razón, ¿quién puede prever el resultado? Incluso si una determinada línea de pensamiento se puede retorcer hasta que acabe por favorecernos, te encontrarás con que has estado reforzando en tu paciente la funesta costumbre de ocuparse de cuestiones generales y de dejar de atender exclusivamente al flujo de sus experiencias sensoriales inmediatas. Tu trabajo consiste en fijar su atención en este flujo. Enséñale a llamarlo «vida real», y no le dejes preguntarse qué entiende por «real». Recuerda que no es, como tú, un espíritu puro. Al no haber sido nunca un ser humano (¡oh, esa abominable ventaja del Enemigo!), no te puedes hacer idea de hasta qué punto son esclavos de lo ordinario. Tuve una vez un paciente, ateo convencido, que solía leer en la Biblioteca del Museo Británico. Un día, mientras estaba leyendo, vi que sus pensamientos empezaban a tomar el mal camino. EI Enemigo estuvo a su lado al instante, por supuesto, y antes de saber a ciencia cierta dónde estaba, vi que mi labor de veinte años empezaba a tambalearse. Si llego a perder la cabeza, y empiezo a tratar de defenderme con razonamientos, hubiese estado perdido, pero no fui tan necio. Dirigí mi ataque, inmediatamente, a aquella parte del hombre que había llegado a controlar mejor, y le sugerí que ya era hora de comer. Presumiblemente - ¿sabes que nunca se puede oír exactamente lo que les dice? -, el Enemigo contraatacó diciendo que aquello era mucho más importante que la comida; por lo menos, creo que ésa debía ser la línea de Su argumentación, porque cuando yo dije: «Exacto: de hecho, demasiado importante como para abordarlo a última hora de la mañana», la cara del paciente se iluminó perceptiblemente, y cuando pude agregar: «Mucho mejor volver después del almuerzo, y estudiarlo a fondo, con la mente despejada», iba ya camino de la puerta. Una vez en la calle, la batalla estaba ganada: le hice ver un vendedor de periódicos que anunciaba la edición del mediodía, y un autobús número 73 que pasaba por allí, y antes de que hubiese llegado al pie de la escalinata, ya le había inculcado la convicción indestructible de que, a pesar de cualquier idea rara que pudiera pasársele por la cabeza a un hombre encerrado a solas con sus libros, una sana dosis de «vida real» (con lo que se refería al autobús y al vendedor de periódicos) era suficiente para demostrar que «ese tipo de cosas» no pueden ser verdad. Sabía que se había salvado por los pelos, y años después solía hablar de «ese confuso sentido de la realidad que es la última protección contra las aberraciones de la mera lógica». Ahora está a salvo, en la casa de Nuestro Padre. ¿Empiezas a coger la idea? Gracias a ciertos procesos que pusimos en marcha en su interior hace siglos, les resulta totalmente imposible creer en lo extraordinario mientras tienen algo conocido a la vista. No dejes de insistir acerca de la normalidad de las cosas. Sobre todo, no intentes utilizar la ciencia (quiero decir, las ciencias de verdad) como defensa contra el Cristianismo, porque, con toda seguridad, le incitarán a pensar en realidades que no puede tocar ni ver. Se han dado casos lamentables entre los físicos modernos. Y si ha de juguetear con las ciencias, que se limite a la economía y la sociología; no le dejes alejarse de la invaluable «vida real». Pero lo mejor es no dejarle leer libros científicos, sino darle la sensación general de que sabe todo, y que todo lo que haya pescado en conversaciones o lecturas es «el resultado de las últimas investigaciones». Acuérdate de que estás ahí para embarullarle; por cómo habláis algunos demonios jóvenes, cualquiera creería que nuestro trabajo consiste en enseñar. Tu cariñoso tío, ESCRUTOPO.
4302-4304 La Belleza del corazón es la belleza duradera: sus labios brindan el agua de vida para beber. Verdadera es el agua, quien la vierte, y quien la bebe. Los tres se vuelven uno cuando tu talismán está hecho añicos. Esa unidad no la puedes conocer por medio de la razón. J. Rumi